Henry Osvaldo Tejeda Baez
Recuerdo de unas horas con el Padre Protector Luis Quinn
Ulises, como te decía en el chat de tu blog, me preocupa que Ocoa tenga tantos problemas y, no oigo que el sacerdote que sustituyó al Padre Luis (en la parroquia, aclaro esto y reiteo, en la parroquia), porque calzarse las botas de ese prohombre, no es nada fácil y menos si no eres de la comarca.
Por eso, es que he estado preguntando por la labor que viene haciendo el nuevo párroco de Ocoa, porque no escucho nada de él, no se hace notar, no se pronuncia, no combate los malestares de los ocoeños, es mas, ni siquiera lo mencionan para nada y, eso es preocupante, después de esa titánica labor del Padre Protector Luis Quinn.
Todos estos comentarios vinieron a colación porque hablé de la tierra que tenia el padre Luis en sus uñas, de las roturas de sus vestimentas y de su despreocupación por andar bien vestidito. Decía tambien que, si al actuar sacerdote siempre se le ve de lo mas cambiadito, uñas bien cuidadas y filo en los pantalones, es que no esta haciendo el trabajo.
No sé si es que el publo de Ocoa, tan respetuoso como siempre, no ha querido decir nada al respecto o, es que yo no estoy bien informado, es mas, quisiera de corazón, estar mal informado y que el cura este haciendo hasta lo imposible por solucionar los problemas de la comunidad.
Cuando hablé del desparpajo del Padre Luis en lo que a sus atuendos y cuidado personal se refiere (al padre siempre le faltaba tiempo) me llegó a la mente una anecdota ocurrida el dia en que murió mi madre. Cuando eso ocurrió, yo vivia en San Cristobal, y cuando fuí a Ocoa al funeral (ella era cristiana Evangélica), el Padre Luis se apareció en mi casa todo sucio, con los pantalones rotos, y unas botas ya raidas y que ya no se sabia cuál había sido su color original, es mas, hasta en la cara tenia grasa. Nada de eso lo inmutaba.
A las 6:00 pm, ya era la hora de yo partir para San Cristóbal, me despedí de Luis (qué momento mas triste), me miró con esos ojos penetrantes, como hurgando dentro de mi no sé qué. El hecho es que me dijo: “No, no, espérate un momento, soy yo quien te va a llevar a San Cristóbal”. Le dije que no hiciera eso porque a él se le notaba que venía de un dia muy duro de trabajo en el campo. Me dijo: “Tu nunca te cansaste de ayudarme en la iglesia y en el campo y, ademas (esto lo dijo sonriendo): “Ya no eres mi hijo? Cuánta adoración hacia él sentí, no cabía dudas, era mi ídolo..
Bueno, se fué a “cambiar” y regresó como a los 15 minutos pero, vayan ustedes a ver cual fue el cambio de ropa. Se quedó con el mismo mugroso pantalon, con las mismas botas raídas y desteñidas, se puso un sombreo y solo noté que lo único que se había cambiado fue la camisa, poniéndose una color vino con varios bolsillos (esa era su favorita, se la ponía contra sol, agua y viento).
Arrancó lo mas rápido que pudo en la camioneta color vino, pero para mi sorpresa, cuando estabamos llegando a la Vuelta de La Paloma se paró y me dijo: “Coge esa guitarra y toca que yo voy a ir cantando”. Asi, con esa voz atronadora que tenía, fue cantando y tratando de hacerme alegre en mi tristeza. Llegamos a San Cristóbal, no se desmontó (era de noche ya y tenia que regresar a Ocoa), cuando se iba me dijo: “Se fué tu madre, te quedo yo y tus ideas, trata de no perderlas nunca.